JORGE
MANRIQUE
(1440-1479)
Se
ignora mucho de su vida, pero existen datos importantes sobre ella.
Fue oriundo de Paredes de Nava; hijo del conde de Paredes, don
Rodrigo Manrique, y de doña Mencía de Figueroa.
A
pesar que su vida fue corta, la vivió intensamente. Fue señor de
Belmontejo, miembro de la Orden de Santiago. Intervino en varias
batallas, siempre un leal paladín de la reina Isabel. Luchó con
valentía y fiereza. En una de esas batallas, en Uclés, ante el
castillo de Garcí Muñoz, fue herido mortalmente, y en ese mismo
sitio le dieron sepultura.
Escribió
varias canciones que aparecen en diversos cancioneros. Su gloria como
poeta proviene de sus famosa Coplas a la muerte de su padre. Un poema
que consta de cuarenta y tres coplas en “pie quebrado”, de las
cuales una tercera parte está dedicada a su padre y el resto, la
mayoría, a la muerte en su sentido universal, lo cual hace de este
poema una obra universalmente reconocida. Parece ser que Lope de Vega
dijo que este poema “merecía estar escrito con letras de oro”.
(http://www.los-poetas.com/g/biojorge.htm)
COPLAS
DE DON JORGE MANRIQUE POR LA MUERTE DE SU PADRE
I
Recuerde el alma dormida,
avive el seso e
despierte
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se
viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el
plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a
nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue
mejor.
II
Pues si vemos lo presente
cómo en un
punto s'es ido
e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo
non venido
por passado.
Non se engañe nadi, no,
pensando
que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues
que todo ha de passar
por tal manera.
III
Nuestras
vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
qu'es el
morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e
consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e
más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus
manos
e los ricos.
INVOCACIÓN
IV
Dexo las
invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
non curo de
sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores.
Aquél
sólo m'encomiendo,
Aquél sólo invoco yo
de verdad,
que en
este mundo viviendo,
el mundo non conoció
su deidad.
V
Este
mundo es el camino
para el otro, qu'es morada
sin pesar;
mas
cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin
errar.
Partimos cuando nascemos,
andamos mientra vivimos,
e
llegamos
al tiempo que feneçemos;
assí que cuando
morimos,
descansamos.
VI
Este mundo bueno fue
si
bien usásemos dél
como debemos,
porque, segund nuestra fe,
es
para ganar aquél
que atendemos.
Aun aquel fijo de Dios
para
sobirnos al cielo
descendió
a nescer acá entre nos,
y a
vivir en este suelo
do murió.
VII
Si fuesse en
nuestro poder
hazer la cara hermosa
corporal,
como podemos
hazer
el alma tan glorïosa
angelical,
¡qué diligencia tan
viva
toviéramos toda hora
e tan presta,
en componer la
cativa,
dexándonos la señora
descompuesta!
VIII
Ved
de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y
corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que
muramos
las perdemos.
Dellas deshaze la edad,
dellas casos
desastrados
que acaeçen,
dellas, por su calidad,
en los más
altos estados
desfallescen.
IX
Dezidme: La
hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color e
la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las
mañas e ligereza
e la fuerça corporal
de juventud,
todo se
torna graveza
cuando llega el arrabal
de senectud.
X
Pues
la sangre de los godos,
y el linaje e la nobleza
tan
crescida,
¡por cuántas vías e modos
se pierde su grand
alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
por cuán baxos e
abatidos
que los tienen;
otros que, por non tener,
con
oficios non debidos
se mantienen.
XI
Los estados e
riqueza,
que nos dexen a deshora
¿quién lo duda?,
non les
pidamos firmeza.
pues que son d'una señora;
que se muda,
que
bienes son de Fortuna
que revuelven con su rueda
presurosa,
la
cual non puede ser una
ni estar estable ni queda
en una
cosa.
XII
Pero digo c'acompañen
e lleguen fasta la
fuessa
con su dueño:
por esso non nos engañen,
pues se va
la vida apriessa
como sueño,
e los deleites d'acá
son, en
que nos deleitamos,
temporales,
e los tormentos d'allá,
que
por ellos esperamos,
eternales.
XIII
Los plazeres e
dulçores
desta vida trabajada
que tenemos,
non son sino
corredores,
e la muerte, la çelada
en que caemos.
Non
mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin
parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta
no
hay lugar.
XIV
Esos reyes poderosos
que vemos por
escripturas
ya passadas
con casos tristes, llorosos,
fueron
sus buenas venturas
trastornadas;
assí, que no hay cosa
fuerte,
que a papas y emperadores
e perlados,
assí los
trata la muerte
como a los pobres pastores
de
ganados.
XV
Dexemos a los troyanos,
que sus males
non los vimos,
ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque
oímos e leímos
sus hestorias;
non curemos de saber
lo
d'aquel siglo passado
qué fue d'ello;
vengamos a lo
d'ayer,
que también es olvidado
como aquello.
XVI
¿Qué
se hizo el rey don Joan?
Los infantes d'Aragón
¿qué se
hizieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta
invinción
como truxeron?
¿Fueron sino devaneos,
qué
fueron sino verduras
de las eras,
las justas e los
torneos,
paramentos, bordaduras
e çimeras?
XVII
¿Qué
se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿Qué
se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
d'amadores?
¿Qué
se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué
se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que
traían?
XVIII
Pues el otro, su heredero
don
Anrique, ¡qué poderes
alcançaba!
¡Cuánd blando, cuánd
halaguero
el mundo con sus plazeres
se le daba!
Mas verás
cuánd enemigo,
cuánd contrario, cuánd cruel
se le
mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuánd poco duró con él
lo
que le dio!
XIX
Las dávidas desmedidas,
los
edeficios reales
llenos d'oro,
las vaxillas tan fabridas
los
enriques e reales
del tesoro,
los jaezes, los caballos
de
sus gentes e atavíos
tan sobrados
¿dónde iremos a
buscallos?;
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?
XX
Pues
su hermano el innocente
qu'en su vida sucesor
se llamó
¡qué
corte tan excellente
tuvo, e cuánto grand señor
le
siguió!
Mas, como fuesse mortal,
metióle la Muerte luego
en
su fragua.
¡Oh jüicio divinal!,
cuando más ardía el
fuego,
echaste agua.
XXI
Pues aquel grand
Condestable,
maestre que conoscimos
tan privado,
non cumple
que dél se hable,
mas sólo como lo vimos
degollado.
Sus
infinitos tesoros,
sus villas e sus lugares,
su mandar,
¿qué
le fueron sino lloros?,
¿qué fueron sino pesares
al
dexar?
XXII
E los otros dos hermanos,
maestres tan
prosperados
como reyes,
c'a los grandes e medianos
truxieron
tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
qu'en tan
alto fue subida
y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que
cuando más encendida
fue amatada?
XXIII
Tantos
duques excelentes,
tantos marqueses e condes
e varones
como
vimos tan potentes,
dí, Muerte, ¿dó los escondes,
e
traspones?
E las sus claras hazañas
que hizieron en las
guerras
y en las pazes,
cuando tú, cruda, t'ensañas,
con
tu fuerça, las atierras
e desfazes.
XXIV
Las
huestes inumerables,
los pendones, estandartes
e banderas,
los
castillos impugnables,
los muros e balüartes
e barreras,
la
cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué
aprovecha?
Cuando tú vienes airada,
todo lo passas de
claro
con tu flecha.
XXV
Aquel de buenos
abrigo,
amado, por virtuoso,
de la gente,
el maestre don
Rodrigo
Manrique, tanto famoso
e tan valiente;
sus hechos
grandes e claros
non cumple que los alabe,
pues los vieron;
ni
los quiero hazer caros,
pues qu'el mundo todo sabe
cuáles
fueron.
XXVI
Amigo de sus amigos,
¡qué señor para
criados
e parientes!
¡Qué enemigo d'enemigos!
¡Qué
maestro d'esforçados
e valientes!
¡Qué seso para
discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Qué
benino a los sujetos!
¡A los bravos e dañosos,
qué
león!
XXVII
En ventura, Octavïano;
Julio César en
vencer
e batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal en el
saber
e trabajar;
en la bondad, un Trajano;
Tito en
liberalidad
con alegría;
en su braço, Aureliano;
Marco
Atilio en la verdad
que prometía.
XXVIII
Antoño
Pío en clemencia;
Marco Aurelio en igualdad
del
semblante;
Adriano en la elocuencia;
Teodosio en humanidad
e
buen talante.
Aurelio Alexandre fue
en desciplina e rigor
de
la guerra;
un Constantino en la fe,
Camilo en el grand amor
de
su tierra.
XXIX
Non dexó grandes tesoros,
ni
alcançó muchas riquezas
ni vaxillas;
mas fizo guerra a los
moros
ganando sus fortalezas
e sus villas;
y en las lides
que venció,
cuántos moros e cavallos
se perdieron;
y en
este oficio ganó
las rentas e los vasallos
que le
dieron.
XXX
Pues por su honra y estado,
en otros
tiempos passados
¿cómo s'hubo?
Quedando desamparado,
con
hermanos e criados
se sostuvo.
Después que fechos famosos
fizo
en esta misma guerra
que hazía,
fizo tratos tan honrosos
que
le dieron aun más tierra
que tenía.
XXXI
Estas sus
viejas hestorias
que con su braço pintó
en joventud,
con
otras nuevas victorias
agora las renovó
en senectud.
Por su
gran habilidad,
por méritos e ancianía
bien gastada,
alcançó
la dignidad
de la grand Caballería
dell Espada.
XXXII
E
sus villas e sus tierras,
ocupadas de tiranos
las halló;
mas
por çercos e por guerras
e por fuerça de sus manos
las
cobró.
Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
fue
servido,
dígalo el de Portogal,
y, en Castilla, quien
siguió
su partido.
XXXIII
Después de puesta la
vida
tantas vezes por su ley
al tablero;
después de tan
bien servida
la corona de su rey
verdadero;
después de
tanta hazaña
a que non puede bastar
cuenta cierta,
en la su
villa d'Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su
puerta,
XXXIV
diziendo: "Buen caballero,
dexad
el mundo engañoso
e su halago;
vuestro corazón
d'azero
muestre su esfuerço famoso
en este trago;
e pues de
vida e salud
fezistes tan poca cuenta
por la fama;
esfuércese
la virtud
para sofrir esta afruenta
que vos llama."
XXXV
"Non
se vos haga tan amarga
la batalla temerosa
qu'esperáis,
pues
otra vida más larga
de la fama glorïosa
acá
dexáis.
Aunqu'esta vida d'honor
tampoco no es eternal
ni
verdadera;
mas, con todo, es muy mejor
que la otra
temporal,
peresçedera."
XXXVI
"El vivir
qu'es perdurable
non se gana con estados
mundanales,
ni con
vida delectable
donde moran los pecados
infernales;
mas los
buenos religiosos
gánanlo con oraciones
e con lloros;
los
caballeros famosos,
con trabajos e aflicciones
contra
moros."
XXXVII
"E pues vos, claro
varón,
tanta sangre derramastes
de paganos,
esperad el
galardón
que en este mundo ganastes
por las manos;
e con
esta confiança
e con la fe tan entera
que tenéis,
partid
con buena esperança,
qu'estotra vida
tercera
ganaréis."
[Responde el
Maestre:]
XXXVIII
"Non tengamos tiempo ya
en
esta vida mesquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme
con la divina
para todo;
e consiento en mi morir
con
voluntad plazentera,
clara e pura,
que querer hombre
vivir
cuando Dios quiere que muera,
es locura."
[Del
maestre a Jesús]
XXXIX
"Tú que, por nuestra
maldad,
tomaste forma servil
e baxo nombre;
tú, que a tu
divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;
tú, que
tan grandes tormentos
sofriste sin resistencia
en tu
persona,
non por mis merescimientos,
mas por tu sola
clemencia
me perdona".
FIN
XL
Assí, con
tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de
su mujer
y de sus hijos e hermanos
e criados,
dio el alma a
quien gela dio
(el cual la ponga en el cielo
en su gloria),
que
aunque la vida perdió,
dexónos harto consuelo
su memoria.
Jorge
Manrique, “Coplas por la muerte de su padre”.