Biografiá
de Ramón Campoamor
1.
Fecha del lugar de nacimiento y muerte
Ramón
de Campoamor y Compoosorio nace en Navia (Asturia) el 24 de
septiembre de 1817 y muere en Madrid el 11 de febrero del año 1901.
Dispone, pues, de 84 años para llevar a cabo todos los
acontecimientos de su vida y llevar y sobrellevar lo que la vida le
va demandando, bueno y no tan bueno.
Queda
huérfano, cuando aún no ha cumplido cuatro años, en 1821. Su
padre, pues, Miguel Pérez Campoamor, rico agricultor, se va a la
otra vida, dejándolo con su madre, de noble familia; es decir,
Campoamor, hijo y niño, queda con una vida asegurada.
2.Formación.
Su
formación transcurre en diferentes lugares. Su infancia la vive en
Navia, donde estudia latinidad en Puerto de Vega. Después, tieniendo
15 años (1832) se va a Santiago de Compostela, y estudia Filosofía.
Tiene 18 años cuando ingresa en la Compañía de Jesús. Más tarde
se va a Madrid, y estudia lógica y matemáticas en el convento de
Santo Tomás. Termina, para seguir su afición a la medicina,
matriculándose en el Colegio de San Carlos. Pero sintiendo la
llamada a la literatura, deja los estudios académicos y se dedica a
la literatura, pasando tiempo estudiando con pasión los clásicos
españoles y universales, así como asistiendo a las tertulias
literarias más interesantes del la época.
Se
convierte, pues, en un poeta de gran popularidad y no menos estima.
En sus obra refleja las tendencias de su época, como eran el
modernismo y el positivismos.
3.
Hechos relevantes de su vida
Se
casa con Guillermina Gormande, con la que no tiene hijos. En 1861
ingresó en la Academia, con un discurso de recepción que tenía por
título: La metafísica limpia, fija y da esplendor al lenguaje.
Su
matrimonio, en la que su mujer aporta una importante dote lo hace
pasa a un estatus de auténtico burgués. Campoamor era un personaje
afable, de fácil conversación. Hombre simpático Su prolongada
ancianidad estuvo afectada por la enfermedad de la gota. En tu
tiempo, estamos hablando, de un personaje comparado con Shakespeare,
Dante, Calderón y Goethe.
En
lo que respecta a su ideología política, desde muy joven manifestó
se moderado del partido Romero Robledo, desde cuya posición lucho
contra los fundamentos del partido democrático de Castelar. A
fines de 1847, el conde de San Luis le nombró jefe político de
Castellón de la Plana, y más tarde fue gobernador civil de Alicante
y de Valencia (1584).
El
paso de tiempo lo va dejando en un poeta sin relieve, insignificante,
insípido y anacrónico.
.
4. Obra.
Fábulas
y Tenazas de flores (184), de color romántico
Ayes
del alma (1842)
El
Drama universal (poema de cierta extensión)
Colon
y El Licenciado Torralba
La
Doloras (1846)
Los
pequeños poemas (1872-1874)
La
Humoradas (1886-1888)
LAS DOS LINTERNAS
I
De
Diógenes compré un día
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuanto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuanto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.
II
-
Con mi linterna - él decía-
no hallo un hombre entre los seres-.
¡Y yo que hallo con la mía
hombres hasta en las mujeres!
él llamó, siempre implacable,
fe y virtud teniendo en poco,
a Alejandro, un miserable,
y al gran Sócrates, un loco.
Y yo ¡crédulo! entretanto,
cuando mi linterna empleo,
miro aquí, y encuentro un santo,
miro allá, y un mártir veo.
¡Sí! mientras la multitud
sacrifica con paciencia
la dicha por la virtud
y por la fe la existencia,
para él virtud fue simpleza,
el más puro amor escoria,
vana ilusión la grandeza,
y una necedad la gloria.
¡Diógenes! Mientras tu celo
sólo encuentra sin fortuna,
en Esparta algún chicuelo
y hombres en parte ninguna,
yo te juro por mi nombre
que, con sufrir al nacer,
es un héroe cualquier hombre,
y un ángel toda mujer.
no hallo un hombre entre los seres-.
¡Y yo que hallo con la mía
hombres hasta en las mujeres!
él llamó, siempre implacable,
fe y virtud teniendo en poco,
a Alejandro, un miserable,
y al gran Sócrates, un loco.
Y yo ¡crédulo! entretanto,
cuando mi linterna empleo,
miro aquí, y encuentro un santo,
miro allá, y un mártir veo.
¡Sí! mientras la multitud
sacrifica con paciencia
la dicha por la virtud
y por la fe la existencia,
para él virtud fue simpleza,
el más puro amor escoria,
vana ilusión la grandeza,
y una necedad la gloria.
¡Diógenes! Mientras tu celo
sólo encuentra sin fortuna,
en Esparta algún chicuelo
y hombres en parte ninguna,
yo te juro por mi nombre
que, con sufrir al nacer,
es un héroe cualquier hombre,
y un ángel toda mujer.
III
Como
al revés contemplamos
yo y él las obras de Dios,
Diógenes o yo engañamos.
¿Cuál mentirá de los dos?
¿Quién es en pintar más fiel
las obras que Dios creó?
El cinismo dirá que él;
la virtud dirá que yo.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira:
todo es según el color
del cristal con que se mira.
yo y él las obras de Dios,
Diógenes o yo engañamos.
¿Cuál mentirá de los dos?
¿Quién es en pintar más fiel
las obras que Dios creó?
El cinismo dirá que él;
la virtud dirá que yo.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira:
todo es según el color
del cristal con que se mira.
HUMORADAS
Busqué la ciencia, y me enseñó el vacío.
Logré el amor, y conquisté el hastío.
¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
la duda, nuestra eterna compañera!.
¿Qué es preciso tener en la existencia?
Fuerza en el alma y paz en la conciencia.
No tengáis duda alguna:
felicidad suprema no hay ninguna.
Aunque tú por modestia no lo creas,
las flores en tu sien parecen feas.
Te pintaré en un cantar
la rueda de la existencia:
Pecar, hacer penitencia
y, luego, vuelta a empezar.
En este mundo traidor,
nada es verdad, ni mentira,
Todo es según el color
del cristal con que se mira.
Busqué la ciencia, y me enseñó el vacío.
Logré el amor, y conquisté el hastío.
¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
la duda, nuestra eterna compañera!.
¿Qué es preciso tener en la existencia?
Fuerza en el alma y paz en la conciencia.
No tengáis duda alguna:
felicidad suprema no hay ninguna.
Aunque tú por modestia no lo creas,
las flores en tu sien parecen feas.
Te pintaré en un cantar
la rueda de la existencia:
Pecar, hacer penitencia
y, luego, vuelta a empezar.
En este mundo traidor,
nada es verdad, ni mentira,
Todo es según el color
del cristal con que se mira.
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